lunes, 1 de abril de 2013

Y tú, ¿por qué lloras?



Lo realmente duro no es pensar que ya no va ha haber nada, lo realmente duro es acostumbrarse a que ya no habrá nada. Es mirar el reloj y recordar que a esa hora él siempre te llamaba. O esperar ese mítico mensaje antes de dormir, que nunca más volverá. Es esperar esos; - Cuelga tú. - No, cuelga tú. O simplemente, es sentir que ya nadie te estará esperando en tu portal, mientras tardabas esos típicos 5 minutos en arreglarte.Es sentir que ya no estás, que ya no está ese para  siempre que tan poco duró. Miles de promesas que se fueron cuando empezó a chispear. Tienen razón cuándo dicen que el amor también es sinónimo de sufrir, no es todo rosa. Y mucho menos en nuestro caso. Discutíamos más de  lo que nos queríamos, pero era inevitable, pensamos que seríamos una naranja juntos. Y resulto que yo fui un limón. Que ni yo estaba hecha para ti, y mucho menos tú para mi.
Pero ante todo cariño, ante todo siempre quedará esa puerta abierta unos centímetros por si todavía te interesa volver. No digo que siempre te estaré esperando, solo digo que... bueno sí, estaré aquí.

No hay comentarios:

Publicar un comentario