lunes, 8 de abril de 2013

Un café, un café frío.

Ahí yacía sentada, una vez más. No podía sacarse de la cabeza con la facilidad que se enfriaba la taza llena de café que tenía entre sus manos. Encontraba un cierto parecido en su persona. Aún estando en las manos de alguien se fue enfriando, la fueron enfriando, hasta que al final se convirtió en hielo. Sí, así se sentía. Pero no podía evitarlo. Fue cálida y apetecible cual café, pero no supieron como tratarla. La abandonaron y no le dieron su tiempo, ni siquiera preguntaron como estaba. Así lo veía, era un café frío que no había servido para una persona y mucho menos iba a servir para otra. Acabaría tirada en cualquier desagüe de la ciudad. Cual cenizas de un cigarrillo a las 5 de la mañana saliendo de una discoteca, o un tren que por mucho que buscaba no encontraba sus vías. La vida no le había tratado bien y ella por mucho que luchaba, conseguía menos aún de ella. Ya no podía más que esperar, esperar a lo que fuera mientras sujetaba su fría taza de café.


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