Me educaron con la idea de que podría con todo. Con cualquier piedra, con cualquier miedo, con todo lo que te podrías imaginar. Yo, ajena a todo mi alrededor, fui ilusa y me lo creí. Pude responder a mis primeras piedras con una sonrisa en la cara y el corazón en la mano. Hasta que una noche de luna llena ese mismo corazón se lo di a otro ser. Es tan irónico, nadie en su sano juicio pondría su felicidad, su salud, su vida al fin y al cabo en las manos de un tercero, y somos tan ignorantes que solo así conseguimos la pura, estúpida y grata felicidad. No es que eche de menos eso que tuve, siento que en ese mismo abandono perdí algo de mi. Una pierna, un brazo.. la cabeza. Ahora soy humo, sí, sí, ese humo que escapa de cada cigarrillo y acaba convirtiéndose en dióxido de carbono, jodiendo la existencia de toda persona. Pero yo no quiero joderle la vida a nadie.
A ti sí.
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