Y como todas las noches caminaba sin rumbo fijo. Salía de mi casa cuando me terminaba esa botella de Whisky, esa maldita botella que me ayudaba a olvidar. Necesitaba salir. Salir de esas fotos, de esos recuerdos, caminar de noche por la calle como si caminara por mi cabeza. Era preciosa la ciudad de Barcelona por la noche, ese mar siempre me ayudo a olvidar.
Pero esa noche fue distinta, mientras caminaba, sólo. Como todas las cosas en mi vida, siempre acaba haciendo todo sólo, hasta que al final me estaba matando yo sólo.
Ahí estaba ella, aún recuerdo como se agarraba a su cintura por el frío que hacía. Llevaba un vestido rosa que sobrepasaba sus rodillas y bailaba con el viento, moviéndose a un lado y a otro, pero jamás enseñaba nada. Al verme noté que me tuvo miedo, pero yo no quería estar más sólo. "¿Cómo te llamas?...¿Estás sola?". Por mucho que intenté acercarme a ella no contestaba a ninguna de mis preguntas, pero no podía dejarla ahí. No quería volver sólo. No podía volver a esa casa llena de recuerdos y olor a Whisky. "Vivo aquí cerca, si quieres puedes venir". Me miro con cara de preocupación, se le notaba que nunca había aceptado la invitación de un desconocido, pero el frío estaba a mi favor y ella no quería morir de hipotermia. Me siguió sin dirigirme palabra.
Me gustaba eso, nunca fui defensor de la gente que habla mucho sin saber cuando callar. Era perfecta.
Abrí el portal y entró delante mía. Subió las escaleras y yo seguía grabando en mi mente como su vestido rosa se movía a un lado y a otro, sin jamás mostrarme nada. Reí para mi, era algo que me fascinaba.
Abrí la puerta, creo que no se fijo casi en el desorden de mi piso, sino en todos mis libros. "¿Los has leído todos?". Era la primera vez que me dirigía la palabra, asentí. Me fui al cuarto, estaba cansado. Creo que pude calcular que estuvo como dos horas observando todas las estanterías llenas de libros. Al final vino al cuarto, no quise girarme, me hacia el dormido. Pude escuchar como su vestido callo al suelo, pero no me giré, por mucho que quería hacerlo. Se acostó en la cama.
Al escuchar que ya no se movía, me giré, y puede admirar su gran belleza. No llevaba nada puesto. Cogí la colcha y se la puse por encima, me miró y me sonrío.
Al día siguiente, al despertar, ella ya no estaba. Mi desconocida, la que gracias a ella no estuve una noche más sólo, pero en su lugar encontré una nota:
"Cuando quieras en aquel portal."
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