domingo, 2 de junio de 2013

8+6+2.

Te escribo porque esta sensación de vació me esta matando. Tú me estas matando. Hablo de soñar que estás al otro lado de la cama, estirar el brazo y no encontrar más que el final de la sábana. De buscar la rugosidad de tu mano y no encontrarla. Buscar esos ojos verdes en los miles de transeuntes y no verlos. Pasar por nuestro parque un miércoles y ver que nadie está esperándome.  Eres lo que nunca quise por el miedo al dolor que pudiese causar, y ahora entiendo que el daño me lo hago yo si no te dejo entrar en estas cuatro paredes. Ahora entiendo que las noches no son noches sin la mezcla de nuestras sonrisas, o sin la fusión de nuestras manos.
¿No lo entiendes? No soy si no quieres ser conmigo. Ese último día de primavera aún está en mi, ese día en que yo salí corriendo por miedo a ese estúpido dolor que ahora mismo yo me estoy causando. Deberías volver solo para ver todo lo que te he escrito y quiero escribirte. Susurrarte los miles de lugares a los que podríamos escaparnos sin planificar. Deberías volver solo para verme sonreír antes de cerrar los ojos, y verme sonreír al amanecer porque te tengo a mi lado. Simplemente, para discutir por quien entra primero en la ducha o a quien le toca preparar el desayuno.
Te escribo porque cada trocito de tú "Adiós" se clava cada día más en mi, sin entender cuando ese adiós se convertirá en un "Hola, te echaba de menos". Porque sé que al final acabaré volviendo loca, mientras tú te vuelves cuerdo. Simplemente deberías volver porque me gustaría seguir aprendiendo de tus curiosos domingos, porque quiero sentir que aún me sigue esperando alguien un miércoles en nuestro banco. Porque quiero inventar historias a tu lado, historias que no van a ningún sitio, pero te harán reír. Quiero sentir que somos dos gatos callejeros en una noche de verano jugando a encontrarse en una cama. Te echo de menos, a ti.
Deberías volver.

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