domingo, 31 de marzo de 2013




 

 ¿Te acuerdas de ese poema que te leí al estar en tu cama? ¿Te acuerdas cuándo te dije que nunca me gustaría sentir eso en mi piel aunque fuese mi poema favorito? ¿Te acuerdas cuándo me besaste en la frente, un beso cálido, familiar, y me dijiste que tú nunca permitirías que yo sufriera por ti?
Esos versos decían algo así cómo; "Te espero cuándo miremos al cielo, tu allá, yo aquí. Añorando esos días en los que un beso marcó la despedida" 
Nunca quisimos verlo, pero quisimos bailar al borde del precipicio. Buscamos besos en las tinieblas del infierno. Quisimos juntar al día y a la noche. Ahora, mi compañero, el que habita a la izquierda y contigo se sentía bien, no se queja de dolor, se queja de ausencia. Siente que algo que le hacía sentirse completo con un simple Buenos noches corazón y ahora debe aguantar esta fina indiferencia que hemos decidido crear, la que nos afecta. Pensamos que nuestra felicidad nunca la encontraríamos juntos, y ahora me doy cuenta que mi felicidad era precisamente donde estabas tú.


                                                                   A mi lado.



                                   

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